jueves, 5 de marzo de 2015

¿Cuánto aprenden realmente nuestros niños y jóvenes? La evaluación del conocimiento en la Argentina


Aquí va la guía de lectura:

  1. ¿De qué se trata el artículo?
  2. ¿Qué sucedió con la opinión pública al inicio de la publicación de los datos?
  3. ¿Qué sucedió con la opinión pública después de un tiempo de publicación de los datos?
  4. ¿Qué significa la escala con que se midió al alumno del 1 al 10?
  5. ¿Cuáles fueron los primeros resultados en lengua y matemática?


Estimados Alumnos vayan leyendo este texto, el fin de semana cargo la guía de lectura.
Casi todos los países están muy interesados en establecer el rendimiento académico de sus niños y jóvenes. Con esa finalidad, organizan complejas investigaciones destinadas a obtener datos que permitan cuantificar ese rendimiento. Si bien, entre 1989 y 1992, se realizaron intentos de medición esporádicos y parciales en distintas jurisdicciones del país, a partir de 1993 la Argentina adoptó esta estrategia de manera decidida al crear un sistema nacional de medición de la calidad educativa. Desde entonces, mediante el estudio de grandes muestras nacionales, todos los años se explora el rendimiento en lengua y matemática de alumnos que se encuentran en distintas etapas de su experiencia educativa. Además, a partir de 1997, se está realizando anualmente un operativo nacional en el que se investiga el conocimiento de todos los alumnos que concluyen la escuela secundaria.
Los resultados del primer operativo nacional de evaluación de la calidad, conocidos a comienzos de 1994, conmovieron a la opinión pública, que se manifestó asombrada por las deficiencias observadas. Durante semanas, los medios de comunicación analizaron esa preocupante situación, y se debatieron las posibles causas de los fracasos observados y las alternativas de cambio. El impacto que tuvieron, en la opinión pública, los resultados de los operativos siguientes fue disminuyendo de manera progresiva. En los últimos años, los datos, que en líneas generalesconfirman los iniciales, no despiertan mayor interés en el público. Gradualmente, se ha ido desviando la discusión hacia los aspectos técnicos y se van dejando de lado las serias deficiencias de nuestros niños y jóvenes, que se confirman año tras año. En general, los expertos se han concentrado en analizar los problemas que surgen del sistema de evaluación, que indudablemente los tiene, como toda empresa de esta magnitud y Complejidad. En 1997, el operativo implicó la evaluación de una muestra de más de 130 mil alumnos de 5.420 escuelas primarias y, en 1998, de más de 260 mil estudiantes que completaban su secundario en 11.829 colegios.
Los resultados de estas evaluaciones no hacen más que confirmar la experiencia de quienes están cotidianamente en contacto con niños y jóvenes, así como los datos obtenidos en numerosas investigaciones parciales realizadas en los más distintos ámbitos, especialmente a propósito de la incorporación de los estudiantes a las universidades, que recurrentemente atraen la atención periodística.

Los resultados de las evaluaciones reflejan la competencia de los alumnos, expresada en una escala de 1 a 10, en la que el nivel máximo no corresponde a la excelencia, sino tan sólo al mínimo que cabe esperar de un alumno que se encuentre en el curso investigado. En 1993 se comprobó que, en el séptimo grado, tomando el conjunto de las escuelas del país, la calificación alcanzada en matemática era de 5,2 y, en lengua, de 5,3. Los temas que presentaron mayor dificultad en matemática fueron las fracciones y los números decimales (en esos temas los niños obtuvieron, en promedio, una calificación de 3,1 sobre 10) y en lengua, la comprensión de los textos leídos (ítem en el que obtuvieron 2,7 puntos) y de las reglas gramaticales (tema en el que alcanzaron 3,1 puntos). Datos similares se obtuvieron en 1997 cuando se analizó el comportamiento de la totalidad de los alumnos que completaron el secundario, cuyo rendimiento fue de 6,7 tanto en lengua como en matemática. Sugestivamente, en el caso de los ejercicios abiertos, en los que a diferencia de los cerradoslos alumnos no debían elegir sino elaborar la respuesta, se obtuvo un rendimiento bajísimo tanto en matemática como en lengua.
Una de las observaciones más interesantes realizadas en los operativos de evaluación es que el rendimiento de los alumnos de escuelas estatales y privadas no se diferencia en el modo notable que cabría esperar, a juzgar por la confianza que los padres demuestran crecientemente en la educación de gestión privada. Si se considera el nivel primario en escuelas urbanas, en el área de lengua, las calificaciones oscilaron entre 5 en 1993 y 5,9 en 1997 en los colegios estatales y entre 6,4 y 6,9 en los privados. Un contraste similar se observa en matemática: el rendimiento en las escuelas estatales fue de 5,1 en 1993 y de 5,3 en 1997, y en las privadas, de 6,5 y 6,3 respectivamente.
Es decir que, entre los alumnos de cada tipo de escuela, existe una diferencia de alrededor de un punto, que se ha mantenido estable durante estos años. Esa diferencia resulta fácilmente explicable por la influencia que ejerce el mayor acceso a los bienes culturales por parte de los alumnos que asisten a las escuelas privadas. Ahora bien, hasta el momento la brecha no adquiere en absoluto la magnitud que se podía haber anticipado. En otras palabras, existen muy buenas y muy majas escuelas públicas, así como muy buenas y muy malas escuelas privadas. Muchas otras investigaciones independientes han arrojado iguales resultados, aunque tomando como muestra grupos menos numerosos de estudiantes. Estos resultados confirman que el problema educativo responde a causas mucho más profundas que el régimen de gestión de la escuela, sea estatal o privado.
Un comportamiento análogo se observa cuando se analiza el conocimiento adquirido por los estudiantes que finalizan su secundario en escuelas urbanas estatales y privadas. La diferencia en las evaluaciones de los alumnos provenientes de ambos tipos de establecimientos osciló, tanto en lengua como en matemática, entre el 5 y el 10% en los distintos cursos investigados desde 1993.
¿Qué es lo que se pregunta en estas evaluaciones? Por lo general, la índole de los temas investigados se expresa mediante un lenguaje técnico que puede oscurecer la gravedad de la crisis. Algunos ejemplos aclaran la situación.
En el sexto grado de la educación primaria, sólo cinco de cada diez estudiantes son capaces de identificar la forma de expresión correcta entre las siguientes frases:
a.                      El aula y el patio está vacío.
b.                      El aula y el patio están vacías.
c.                       El aula y el patio están vacíos.
d.                      El aula y el patio está vacía.
Algo menos de cinco de cada diez alumnos que cursan el segundo año del colegio secundario responden correctamente a la pregunta que sigue: "Sabiendo que una casette de 60 minutos de duración tiene 90 metros de cinta, ¿cuántos metros de cinta serán utilizados para una grabación de un cuarto de hora?".
a.                      0,375 m
b.                      6 m
c.                       22,50 m
d.                      360 m
Al concluir la educación secundaria, sólo cinco de cada diez adolescentes son capaces de responder correctamente a esta pregunta:
"Juan y Rodrigo deciden ahorrar para comprarse una guitarra eléctrica. Si Juan reunió el triple de dinero que Rodrigo, y entre los dos reunieron $ 2.040, ¿cuál es el aporte de Rodrigo?".
a.                      $ 1.530
b.                      $ 1.020
c.                       $ 680
d.                      $510
• Al concluir el secundario, sólo cuatro de cada diez alumnos son capaces de calcular un porcentaje simple. También en este grupo, sólo cuatro de cada diez estudiantes respondieron correctamente a esta pregunta: "Tenemos 15 sacos blancos y 7 negros en una caja. Si extraigo uno al azar, ¿cuál es la probabilidad de extraer un saco negro?".
a.                 7/15
b.                 7/22
c.                 22/7
d.                1/22
Si bien se podría abundar en ejemplos, bastan los citados para comprender que las deficiencias se registran a propósito de conocimientos elementales, que no representan grandes proezas intelectuales, sino operaciones y conceptos imprescindibles para el desempeño normal en la vida cotidiana.

Al igual que en todos los operativos de evaluación, en el realizado en 1997 en oportunidad del final del secundario, se registraron importantes diferencias de acuerdo con la jurisdicción del país considerada. Por ejemplo, en el caso de matemática, el rendimiento fue de 6,7 en la provincia de Buenos Aires y de 4,7 en Catamarca. En lengua, la calificación promedio fue de 7,2 en la Ciudad de Buenos Aires y de 5,0 en La Rioja.

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