Aquí va la guía de lectura:
- ¿De qué se trata el artículo?
- ¿Qué sucedió con la opinión pública al inicio de la publicación de los datos?
- ¿Qué sucedió con la opinión pública después de un tiempo de publicación de los datos?
- ¿Qué significa la escala con que se midió al alumno del 1 al 10?
- ¿Cuáles fueron los primeros resultados en lengua y matemática?
Estimados Alumnos vayan leyendo este texto, el fin de semana cargo la guía de lectura.
Casi
todos los países están muy interesados en establecer el rendimiento académico
de sus niños y jóvenes. Con esa finalidad, organizan complejas investigaciones
destinadas a obtener datos que permitan cuantificar ese rendimiento. Si bien,
entre 1989 y 1992, se realizaron intentos de medición esporádicos y parciales
en distintas jurisdicciones del país, a partir de 1993 la Argentina adoptó esta
estrategia de manera decidida al crear un sistema nacional de medición de la
calidad educativa. Desde entonces, mediante el estudio de grandes muestras
nacionales, todos los años se explora el rendimiento en lengua y matemática de
alumnos que se encuentran en distintas etapas de su experiencia educativa.
Además, a partir de 1997, se está realizando anualmente un operativo nacional
en el que se investiga el conocimiento de todos los alumnos que concluyen la
escuela secundaria.
Los
resultados del primer operativo nacional de evaluación de la calidad, conocidos
a comienzos de 1994, conmovieron a la opinión pública, que se manifestó
asombrada por las deficiencias observadas. Durante semanas, los medios de
comunicación analizaron esa preocupante situación, y se debatieron las posibles
causas de los fracasos observados y las alternativas de cambio. El impacto que
tuvieron, en la opinión pública, los resultados de los operativos siguientes
fue disminuyendo de manera progresiva. En los últimos años, los datos, que en
líneas generalesconfirman los iniciales, no despiertan mayor interés en el público.
Gradualmente, se ha ido desviando la discusión hacia los aspectos técnicos y se
van dejando de lado las serias deficiencias de nuestros niños y jóvenes, que se
confirman año tras año. En general, los expertos se han concentrado en analizar
los problemas que surgen del sistema de evaluación, que indudablemente los
tiene, como toda empresa de esta magnitud y Complejidad. En 1997, el operativo
implicó la evaluación de una muestra de más de 130 mil alumnos de 5.420
escuelas primarias y, en 1998, de más de 260 mil estudiantes que completaban su
secundario en 11.829 colegios.
Los
resultados de estas evaluaciones no hacen más que confirmar la experiencia de
quienes están cotidianamente en contacto con niños y jóvenes, así como los
datos obtenidos en numerosas investigaciones parciales realizadas en los más
distintos ámbitos, especialmente a propósito de la incorporación de los
estudiantes a las universidades, que recurrentemente atraen la atención
periodística.
Los
resultados de las evaluaciones reflejan la competencia de los alumnos,
expresada en una escala de 1 a
10, en la que el nivel máximo no corresponde a la excelencia, sino tan sólo al
mínimo que cabe esperar de un alumno que se encuentre en el curso investigado.
En 1993 se comprobó que, en el séptimo grado, tomando el conjunto de las
escuelas del país, la calificación alcanzada en matemática era de 5,2 y, en
lengua, de 5,3. Los temas que presentaron mayor dificultad en matemática fueron
las fracciones y los números decimales (en esos temas los niños obtuvieron, en
promedio, una calificación de 3,1 sobre 10) y en lengua, la comprensión de los
textos leídos (ítem en el que obtuvieron 2,7 puntos) y de las reglas
gramaticales (tema en el que alcanzaron 3,1 puntos). Datos similares se
obtuvieron en 1997 cuando se analizó el comportamiento de la totalidad de los
alumnos que completaron el secundario, cuyo rendimiento fue de 6,7 tanto en
lengua como en matemática. Sugestivamente, en el caso de los ejercicios
abiertos, en los que a diferencia de los cerradoslos alumnos no debían elegir
sino elaborar la respuesta, se obtuvo un rendimiento bajísimo tanto en
matemática como en lengua.
Una de
las observaciones más interesantes realizadas en los operativos de evaluación
es que el rendimiento de los alumnos de escuelas estatales y privadas no se
diferencia en el modo notable que cabría esperar, a juzgar por la confianza que
los padres demuestran crecientemente en la educación de gestión privada. Si se
considera el nivel primario en escuelas urbanas, en el área de lengua, las
calificaciones oscilaron entre 5 en 1993 y 5,9 en 1997 en los colegios
estatales y entre 6,4 y 6,9 en los privados. Un contraste similar se observa en
matemática: el rendimiento en las escuelas estatales fue de 5,1 en 1993 y de
5,3 en 1997, y en las privadas, de 6,5 y 6,3 respectivamente.
Es
decir que, entre los alumnos de cada tipo de escuela, existe una diferencia de
alrededor de un punto, que se ha mantenido estable durante estos años. Esa
diferencia resulta fácilmente explicable por la influencia que ejerce el mayor
acceso a los bienes culturales por parte de los alumnos que asisten a las
escuelas privadas. Ahora bien, hasta el momento la brecha no adquiere en
absoluto la magnitud que se podía haber anticipado. En otras palabras, existen
muy buenas y muy majas escuelas públicas, así como muy buenas y muy malas
escuelas privadas. Muchas otras investigaciones independientes han arrojado
iguales resultados, aunque tomando como muestra grupos menos numerosos de
estudiantes. Estos resultados confirman que el problema educativo responde a
causas mucho más profundas que el régimen de gestión de la escuela, sea estatal
o privado.
Un comportamiento análogo se observa cuando se analiza el
conocimiento adquirido por los estudiantes que finalizan su secundario en
escuelas urbanas estatales y privadas. La diferencia en las evaluaciones de los
alumnos provenientes de ambos tipos de establecimientos osciló, tanto en lengua
como en matemática, entre el 5 y el 10% en los distintos cursos investigados
desde 1993.
¿Qué
es lo que se pregunta en estas evaluaciones? Por lo general, la índole de los
temas investigados se expresa mediante un lenguaje técnico que puede oscurecer
la gravedad de la crisis. Algunos ejemplos aclaran la situación.
En el
sexto grado de la educación primaria, sólo cinco de cada diez estudiantes son
capaces de identificar la forma de expresión correcta entre las siguientes
frases:
a.
El aula y el patio está vacío.
b.
El aula y el patio están vacías.
c.
El aula y el patio están vacíos.
d.
El aula y el patio está vacía.
Algo
menos de cinco de cada diez alumnos que cursan el segundo año del colegio
secundario responden correctamente a la pregunta que sigue: "Sabiendo que
una casette de 60 minutos de duración tiene 90 metros de cinta,
¿cuántos metros de cinta serán utilizados para una grabación de un cuarto de
hora?".
a.
0,375
m
b.
6
m
c.
22,50
m
d.
360
m
Al
concluir la educación secundaria, sólo cinco de cada diez adolescentes son
capaces de responder correctamente a esta pregunta:
"Juan
y Rodrigo deciden ahorrar para comprarse una guitarra eléctrica. Si Juan reunió
el triple de dinero que Rodrigo, y entre los dos reunieron $ 2.040, ¿cuál es el
aporte de Rodrigo?".
a.
$ 1.530
b.
$ 1.020
c.
$ 680
d.
$510
• Al
concluir el secundario, sólo cuatro de cada diez alumnos son capaces de
calcular un porcentaje simple. También en este grupo, sólo cuatro de cada diez
estudiantes respondieron correctamente a esta pregunta: "Tenemos 15 sacos
blancos y 7 negros en una caja. Si extraigo uno al azar, ¿cuál es la
probabilidad de extraer un saco negro?".
a.
7/15
b.
7/22
c.
22/7
d.
1/22
Si bien
se podría abundar en ejemplos, bastan los citados para comprender que las
deficiencias se registran a propósito de conocimientos elementales, que no representan
grandes proezas intelectuales, sino operaciones y conceptos imprescindibles para el desempeño normal en
la vida cotidiana.
Al igual que en todos los operativos de evaluación, en el
realizado en 1997 en oportunidad del final del secundario, se registraron
importantes diferencias de acuerdo con la jurisdicción del país considerada.
Por ejemplo, en el caso de matemática, el rendimiento fue de 6,7 en la
provincia de Buenos Aires y de 4,7 en Catamarca. En lengua, la calificación
promedio fue de 7,2 en la Ciudad de Buenos Aires y de 5,0 en La Rioja.
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