viernes, 13 de marzo de 2015

Los padres frente a la educación / La crisis educativa afecta a los demás

Guía de lectura para el Miércoles 18 de Marzo

  1. ¿Qué ha sucedido con la confianza depositada por la población en el sistema de enseñanza?
  2. ¿Qué lugar ocupa la educación cuando se les pregunto qué es lo que más afecta al entrevistado y a su familia?
  3. ¿La gente cree que la crisis de la educación afecta su propio grupo familiar?
  4. ¿Qué calificación le da el 86% de los entrevistados a las personas?
  5. ¿Qué calificación le da el 60% de los entrevistados a la educación que ellos mismos han recibido?
  6. ¿Cómo considera el 47% de los encuestados el rendimiento académico de los alumnos del país?
  7. ¿Cómo considera el 81% de los encuestados el rendimiento académico de sus propios hijos?


Los padres frente a la educación
El estado de la educación en el país es uno de los problemas que encabezan la nómina de cuestiones que preocupan a los argentinos. Asimismo, los estudios de opinión pública demuestran que, durante la última década, cayó la confianza depositada por la población en el sistema de enseñanza: mientras que, en 1984, el 54% de las personas confiaba mucho o bastante en ese sistema, en 1996, lo hacía sólo el 33%. En una investigación llevada a cabo en 1999, más de la mitad de los encuestados piensa que la situación educativa del país empeoró en el lapso transcurrido entre 1997 y 1999.
Otras investigaciones recientes señalan que el 8% de los entrevistados piensa que la educación constituye el problema más grave del país: ocupa el cuarto lugar detrás del desempleo (36%), la corrupción (24%) y la pobreza (9%). Sin embargo, cuando en esa misma muestra se investiga lo que más afecta personalmente al entrevistado y a su familia, la educación queda relegada al séptimo puesto, con el 4% de las menciones. La preceden el desempleo (33%), los bajos salarios (20%), la seguridad y el delito (10%), la pobreza (9%), la situación de los jubilados (7%) y la corrupción (6%).
Estos estudios indican que la mayoría de los argentinos entiende que la educación atraviesa serios problemas, pero interpreta que se trata de una crisis que no afecta a su propio núcleo familiar. Resultan coincidentes los resultados de una investigación realizada en un conjunto de nueve ciudades del interior del país en 1997. En ese caso, el 86% de los entrevistados calificó la situación de la educación en el país como regular, mala o muy mala. Sin embargo, el 60% dijo estar conforme o muy conforme con la educación recibida por ellos. Es de hacer notar que el 70% de los entrevistados en esta investigación estaba estudiando en el sistema público o lo había hecho en el pasado. Posiblemente esa discrepancia entre la percepción del estado general y la de la situación personal de cada entrevistado explique el hecho de que, en ese mismo estudio, la educación haya ocupado el séptimo lugar entre los considerados problemas principales del país. Efectivamente, la educación recibió el 3% de las menciones mientras que la falta de trabajo encabezó la nómina de problemas (34%), seguida por la corrupción (24%).
La sorprendente disociación que insinúan estas investigaciones entre la percepción del estado general de la educación y la de la situación personal confirma la existencia de una actitud que ha sido puesta de manifiesto de manera sistemática por una serie de estudios realizados durante la década de 1990 por Enrique Zuleta Puceiro. Así, por ejemplo, cuando en 1994 se analizó una muestra que representaba a todo el país, se comprobó que el 65% de los entrevistados consideraba que la educación en la Argentina era regular, mala o muy mala. Pero, en cambio, si se requería de esas mismas personas una evaluación del colegio al que concurrían sus propios hijos, se comprobaba que el 76% de los padres se consideraba satisfecho o muy satisfecho con esa escuela, mientras que sólo el 7% de los padres se manifestaba poco o nada satisfecho con el colegio de sus hijos. La conformidad con la escuela fue del 84% en 1991 y del 73% en 1993. En todos los estudios se muestran más satisfechos quienes envían a sus hijos a establecimientos privados (88%) que quienes han elegido escuelas públicas (79%). También es mayor la satisfacción entre las personas de mayor nivel socioeconómico: se muestra conforme el 92% de los entrevistados de nivel alto y el 81% tanto en el nivel medio como en el bajo.
Llegado el momento de evaluar de manera general el rendimiento académico de los alumnos en el país, el 47% de los encuestados considera que este es bueno o aceptable. Sin embargo, cuando se evalúa el rendimiento de los propios hijos, el 81% de los padres lo considera bueno; el 15%, regular y sólo el 3%, malo. Al igual que lo que ocurre con la satisfacción con las escuelas, están algo más conformes con el rendimiento de sus hijos los padres que los envían a establecimientos privados que quienes lo hacen a los públicos (el 87% contra el 77%), así como los provenientes de sectores económicamente más favorecidos.
Esta distorsión no es exclusiva de la Argentina. Desde hace treinta años, la organización estadounidense Phi Delta Kappa, junto con la encuestadora Gallup, investiga las actitudes sociales hacia las escuelas públicas. En el estudio correspondiente a 1998, sólo el 18% de los padres calificó positivamente las escuelas públicas de los EE.UU. Ese porcentaje aumentó al 46% cuando las evaluadas fueron las escuelas de la zona en la que vivía el encuestado y trepó al 64% cuando la opinión se refirió concretamente a la escuela a la que concurría su propio hijo o hija mayor.
En cambio, esa conformidad varía cuando se comparan las actitudes de los padres pertenecientes a otras culturas. Cuando se investiga la satisfacción de los padres con el colegio en el que sus hijos cursan el quinto grado de la educación elemental, esta alcanza el 75% en los EE.UU, el 50% en Taiwan y el 33% en Japón.
Los resultados coincidentes de estudios realizados en la Argentina, que recurrieron a métodos diferentes y se llevaron a cabo en grupos de población diversos y en distintos momentos, permiten concluir inequívocamente que los padres argentinos consideran que la educación en el país atraviesa una profunda crisis... de la que ellos y sus hijos han logrado escapar.
Resulta interesante investigar las razones por las que los padres dicen estar satisfechos con la escuela a la que asisten sus hijos. En el estudio citado, realizado en 1996 por Zuleta, los entrevistados fundamentan tal satisfacción en el hecho de que, en la escuela elegida, los niños adquieren no sólo formación en valores y actitudes de convivencia (79%), sino también capacidad de razonamiento autónomo (77%), así como buenos conocimientos de lengua y ciencias sociales (76%) y de matemática y ciencias exactas (75%). En las investigaciones realizadas en años anteriores, se obtuvieron similares evaluaciones positivas acerca del logro de esos objetivos de enseñanza en un porcentaje que siempre superó el 75%.
Podría resumirse la situación afirmando que las personas encuestadas están satisfechas con la escuela a la que asisten sus hijos porque advierten en ellos positivos logros académicos, fundamentalmente en los campos de la lengua y la matemática.
¿Se corresponde con la realidad esta satisfacción de los padres con lo que aprenden sus hijos en la escuela? A partir de 1993, la Argentina ha encarado un programa nacional destinado a evaluar sistemáticamente el rendimiento de niños y jóvenes en distintas etapas del ciclo escolar. Lo que se ha investigado es el conocimiento de la lengua y la matemática, precisamente los dos campos en los que los padres consideran satisfactorio el rendimiento de sus hijos.

Los resultados obtenidos en los operativos nacionales de evaluación de la calidad educativa realizados hasta ahora por el Ministerio de Cultura y Educación son coincidentes con los de investigaciones similares, menos ambiciosas, llevadas a cabo en diferentes ámbitos. Todas han puesto de manifiesto graves deficiencias en los conocimientos de los niños al terminar la escuela primaria y de los jóvenes que completan su educación media. Es más, hay evidencias que confirman la sensación generalizada de que el nivel de conocimientos alcanzado por los jóvenes al concluir sus estudios secundarios ha disminuido en forma sostenida en el transcurso de los últimos veinte años.

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